LA CASA JUNTO AL MAR

Una de las cosas que detesto es hacerme fotos con la gente a la que admiro y tengo oportunidad de conocer gracias a la suerte que tengo siendo director de Días de Cine. Me parece un tanto impertinente decirle a alguien que se haga una foto conmigo porque me parece que lo que estoy pidiendo es satisfacer mi vanidad. Es cierto que alguna vez alguna persona de estas me ha pedido hacerse una foto conmigo, y en ese caso he aceptado encantado. Me pasó con esa persona a la que dicen me parezco un montón, Danny Boyle, y me pasó mas recientemente con una persona entrañable, maravillosa y sabia, de nombre Nick Park, el padre de Wallace y Gromitt.

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Digo esto porque he tenido la ocasión recientemente de estar cenando con dos personas a las que admiro profundamente. Él es Robert Guédiguian, y ella es Ariane Ascaride, compañera vital y cinematográfica del director. Debo decir que ambos maravillosas personas.

Todo esto viene a cuento de “La casa junto al mar” la nueva película de Robert Guédiguian que se estrena esta semana en España. En @DiasDeCine hicimos un preestreno junto a nuestros amigos de @Golemfilms, y tras la proyección disfrutamos, porque el verbo es disfrutar, de un coloquio maravilloso con estas dos personas fabulosas. Debo decir que además estaba Matilde, que es la traductora habitual de Golem y que es un personaje en sí misma, además de mi amigo y compañero en @DiasDeCine Alberto Bermejo llevando el coloquio.
Según iba avanzando el coloquio me di cuenta de varias cosas. En primer lugar que al escuchar a Robert Guédiguian hablar de Frank Capra, corroboré lo que siempre he pensado de sus películas: que comparten aquel espíritu de solidaridad y amistad entre los más humildes, evidentemente en un contexto distinto. Pero según avanzaba el coloquio me di cuenta de una cosa, que por un lado me hacía mucha gracia, y por otro lado me causaba profunda emoción. De repente vi que Robert guediguian y Ariane Ascaride venían a ser una especie de reencarnación cercana de Federico Fellini y Giulietta Masina. Cuando terminaba el coloquio así se lo dije, indicándoles además que me parecía que “El cumpleaños de Ariane”, una de las últimas películas del director, hecha a imagen y semejanza y como homenaje a su musa y compañera, podría ser el equivalente a “Giulietta de los espíritus”. Puede que no me hiciera una foto con estas dos personas estupendas, pero me consta que le gustó mucho esto que les dije.

Y todo esto viene claro a cuenta de “La casa junto al mar”, la película, como dije antes, que se estrena esta semana. Guediguian vuelve a reunir a su troupe de actores para retomarlos 30 años después de “Ki lo sa? “, película de 1985, un fragmento de la cual se permite introducir en “La casa junto al mar”, a modo de Flashback. Que además suene en ella el “I want you de Bob Dylan” son palabras mayores.
Guediguian nos contó en el coloquio, ante una aguda observación de uno de los asistentes, que la película no tenía más música que ese fragmento de Bob Dylan y un fragmento de evocación de Ariane ascaride en el que incluía la música compuesta por Alexandre Desplat precisamente para “Qui lo sa” en 1985, mucho antes por consiguiente de que el músico se convertirse en la referencia que es ya desde hace un tiempo.

En la película, que es lo que debiera interesar en esta digresión, Guediguian nos viene a contar el futuro de aquellos jóvenes que salen en el flashback, para quienes el futuro estaba por escribirse. El quebranto familiar ocasionado por la repentina enfermedad del padre hace que se reúnan los hermanos, que ciertamente es obvio se han distanciado.
En esa reunión inesperada, Guediguián desgrana su discurso humanista, desde la izquierda en la que él se sitúa, sin subrayados y sin trazos gruesos, lamentando lo que se ha perdido o aquello a lo que nunca se llegó, pero al mismo tiempo, sin renunciar un ápice vez a su idealismo.

Escuchamos a Robert Guediguian en el coloquio contarnos lo que le hemos oído en diversas entrevistas incluida la que dio a Días de Cine, qué fue el atentado del Bataclan de París, ocurrido muy cerca de donde tiene sus oficinas, lo que le empujo a hacer esta película, al constatar como un atentado terrorista tan cruel convertía en blancos fáciles a los inmigrantes.

En medio de esa crisis familiar lo que nos presenta Guediguian es otra crisis mucho más grande, qué es la de los inmigrantes ilegales que llegan a las costas de ese mundo tan civilizado que llamamos Europa, y en el cual nos sentimos, ahora por lo menos, muy seguros. Al encontrarse con unos niños escondidos en el bosque, los hermanos no dudan un segundo en ayudarles, clandestinamente por supuesto, dado que en este mundo civilizado en el que vivimos, dar socorro a un inmigrante ilegal nos convierte en sujetos fuera de la ley.
Dado lo fácil que es hacer demagogia con temas sentimentales, puedo dar fe de que la demagogia no figura en el relato que Robert Guediguian nos ofrece, y si la emoción. Nos contaba Guediguian también en ese coloquio inolvidable, qué puede que la Ley tenga una preeminencia en un estado de derecho, pero que la moral es algo de orden superior. Y esto, que entiendo que es algo que puede ser el recurso fácil para algunos justificar cosas injustificables, es algo que yo entiendo como algo moralmente cierto.

“La casa junto al mar” es una película emocionante y emotiva llena de calor humano, hecha por buenas personas para que las buenas personas y para que las que aspiren a serlo puedan sentirse reconfortadas.

En mi casa, a 23 de marzo de 2018
@Gerardo_DDC
(Continuará…)
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LA RAZÓN DE LA RAZÓN: Una razón brillante

Creo que en francés “Le brio”, que es como se llama en original UNA RAZÓN BRILLANTE, significa algo así como “La brillantez” y brillante es esta película protagonizada por un Daniel Auteuil, a quien hemos visto más delgado y más lacónico, y una deslumbrante Camélia Jordana, a quien no tengo el gusto de conocer de nada más, lo cual no debe sorprender, dado que ha ganado este año el Cesar a mejor actriz revelación por, precisamente, este trabajo.

Se empeña la publicidad de la película dirigida por Yvan Attal, que es una especie de INTOCABLE con protagonista femenina. Y yo, francamente, no lo veo por ningún lado.

Tambien he percibido por ahí algunos recelos basándose supuestamente en la tradición de un tipo de comedia francesa burda, o bufa, o nonsense. O sea, de esas comeedias que arrasan en el pais vecino y que aquí no nos hacen maldita gracia.

Pero debo decir que UNA RAZÓN BRILLANTE, es un titulo español razonablemente bueno, si se me permite el juego de palabras, habida cuenta que juega con los términos e ideas de la razón y la brillantez.

En realidad, más que a INTOCABLE, a quien hay que tener en mente es a George Bernard Shaw y a su Pigmalión, y claro, sus versiones cinematográficas, tanto la adaptación canónica de Anthony Asquith, como la musical de George Cuckor conocida como My Fair Lady.

Eso por no hablar de Wiplash. O sea, que en realidad lo que nos cuenta la batalla entre un profesor y una alumna. En este caso, el profesor de derecho Pierre Mazard, un tipo tan brillante como impresentable, cargado de sus razones, y devoto practicante de la ortodoxia de lo políticamente incorrecto, y Neïla Salah una alumna, de origen magrebí y de clase baja, a quien, por circunstancias que prefiero dejar que averigüéis si decidís ir a verla, ha de preparar para un concurso de oratoria, que permitirá lavar la imagen del impertinente profesor y de la universidad en la que imparte sus conocimientos.

Y quien está detrás de las razones del profesor Mazard es, nada menos que Arthur Schopenhahuer, quien nos enseñaba en su libro “El arte de tener razón” que lo importante no es la verdad, sino tener razón. Puede parecer lo mismo, pero no es lo mismo. El enfrentamiento dialéctico entre alumna y profesor es de altura, y aunque vivimos tiempos en los que morderse la lengua parece el recurso útil ante la mirada hosca de los guardianes de las buenas maneras, la película nos dice que decir la verdad es el mejor camino para que las cosas sean mejores. Lo demás son paños calientes.

Pero claro, el Profesor Mazard, Daniel Auteuil tiene una lengua muy afilada, y la alumna se siente todo lo acorralada que cree que debe sentirse según los cánones que tratan de imponernos una visión reduccionista del mundo en que vivimos. En realidad, Lo que le dice el profesor a la alumna es lo mejor que se le puede decir. Y la verdades que duelen son las que sirven para mejorar. El adocenamiento no lleva a ningún lado.

Podría decir con trazo grueso, que UNA RAZÓN BRILLANTE es una reivindicación de lo políticamente incorrecto, de no ser porque no es así. Orwell decía aquello de “en tiempos de mentira universal, decir la verdad se convierte en un acto revolucionario”. Aunque en la película se diga que lo importante es tener razón y no la verdad, lo cierto es que es a través de la razón que se alcanza la verdad, y viceversa.

Una película de esas que te hacen pensar en como estamos afrontando en nuestra sociedad muchas cosas que vivimos a diario. Si además están Schopenhauer en su lado más destroyer, puesto en boca de un actorazo como Daniel Auteuil, yo lo compro.

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En Madrid, Torrespaña, a 23 de marzo de 2018.

@Gerardo_DDC

(To be continued)

Ready Player One. Spielberg… de nuevo

Más habitualmente de lo que quisiera echo de menos escribir desatado, o sea, sin restricciones de tiempo, sobre las películas.

El trabajo en televisión es fascinante, pero muy restrictivo también. El tiempo es oro, y apenas escribes un texto de 4 minutos leído y aquello se convierte en una cosa de 8 minutos. De modo que voy a intentar disciplinarme y desatarme por aquí.
Veo muchas películas, pero si he de ser sincero, hace años venia muchísimas más, y no había ni VOD ni DVD ni cosas de estas. También hace años esquiaba donde y como fuera, lloviendo, nevando, diluviando, a 20 bajo cero… Con el tiempo ya no vale todo. Ahora me gusta esquiar con sol y buena nieve. Para disfrutar, básicamente, si no, no merece la pena. Con la bicicleta lo mismo. He montado con 10 bajo cero, diluviando, o nevando. Me he calado hasta los huesos y no he sentido los pies y manos del frio. He andado por barro, por nieve y por hielo.
Y también a 40 grados. Ya no vale cualquier cosa. No merece la pena. Con el cine pasa lo mismo, por más que ahora veo y tengo que ver películas que no vería por gusto. A pesar de todo, me gusta pensar que puedo mantener el espíritu del aficionado enamorado del cine antes que el de alguien a quien pagan por hablar de las películas. Si solo fuera lo segundo, creo que no merecería la pena, y además es el camino más directo hacia el cinismo y la impostura.

Como no tengo restricciones aquí, me pregunto si me estoy andando por las ramas, y estoy aburriendo al personal. ¿A quién le importan esas batallitas? Tenéis razón: voy al grano, todo esto viene a cuento por haber quedado abrumado y conmocionado tras ver READY PLAYER ONE, la nueva película de Steven Spielberg. Si The Post me parece una de las mejores películas que he visto en el último año, pero también en los últimos años (y también otras de Spielberg), me pregunto cómo ha sido capaz de hacer esta película casi (puedo suponer) al mismo tiempo.
No he leído el libro que ha dado lugar al guión, y por consiguiente a esta película fascinante como pocas. No soy tan cool. No leo actualmente la cantidad que leía en su día (en mis días) y entre mis previsiones no figura el libro de Ernst Cline. Pero antes de la película, en un pase especial para privilegiados como yo (aunque algunos no se dan cuenta), nos pusieron una intro en la que el buen señor nos decía desde la pantalla a los presentes, que su vida no hubiera sido la misma sin Steven Spielberg, y que quiso escribir un libro donde toda esa herencia emocional quedara reflejada. Como no he leído el libro, no puedo decir que hay y que no hay de él en la película, pero, francamente, como diría Rhett Butler, I don´t give a damn, o lo que es lo mismo: me importa un bledo.

Me importa poco porque lo pasé estupendamente en las 2 horas y 20 minutos que dura READY PLAYER ONE. Desde que la vi no he podido dejar de pensar en la película. Y desde luego la voy a volver a ver algunas veces más. Creo que desde EL SUBMARINO AMARILLO no había visto una película que fuera un homenaje tan abrumador a la cultura pop. Como ha pasado medio siglo desde el cartoon de Los Beatles, y el punto de partida es distinto, el resultado no es el mismo, pero es igualmente brillante y efectivo. Y por hacer un spoiler emocional, ambas películas comparten un homenaje. Dicho eso, solo queda decir que ambas suponen un antes y un después.

Sigo con READY PLAYER ONE. Voy a tratar de contar de que va sin desvelar nada que irrite a quienes no la hayan visto y ansíen verla limpios de inputs ajenos. En un mundo asqueroso, en el año 2045, la gente normal, o sea, nosotros, viven una basura de vida, hacinados en bloques, un eufemismo urbanístico y social. Esa gente normal cuya vida es igualmente una basura, tiene una única vía de escape: Oasis. Un universo tan perfecto como infinito de realidad virtual, sin duda mucho mejor que el real, creado por James Donovan Halliday, un visionario enamorado de la cultura pop de los años 80, por centrarlo de forma genérica. Excelente, por cierto, de nuevo, ese actor que parece huir de cualquier cosa que le identifique como una estrella: Mark Rylance.

Cierto. Matrix nos viene a la cabeza de inmediato, pero si en esta estar en Matrix no era algo que elegíamos, en READY PLAYER ONE, lo eliges voluntariamente. A fin de cuentas, la elección está clara. SI tienes que pasar un día tras otro en ese mundo, más vale divertirse y evadirse.
Bajo esa premisa, entrar y salir de ese Oasis /Matrix, todo un universo de referencias a videojuegos, a películas, y a músicas. Si en el cine siempre ha sido algo relativamente habitual hacer guiños a otras películas, READY PLAYER ONE es el guiño de los guiños. Y también, probablemente, un autoguiño. Pero la diferencia con otras películas previas es que los guiños (los homenajes, las referencias) no son un fin en si mismo, sino un medio. La referencia forma parte de la trama, tejiendo una red tupida de ellas que se retroalimentan y nos bombardean para fascinarnos. No me cansan en ningún momento, y si algo me perturba es pensar si me he perdido algo por mi propia ignorancia de esa cultura pop de los 80 (y más allá) que alimenta la película.

Creo además, que READY PLAYER ONE tiene el mayor homenaje de la historia del cine de una película a otra película (y a su director) que es (perdón) EL RESPLANDOR. No entro en detalles. Pero ver desfilar por la pantalla, siendo parte de la historia, al Delorean de Regreso al Futuro, o al TRex de Parque Jurásico, pero también a Bitelchús (Beetlejuice, perdón) o la evocación disco de Fiebre del sábado noche (entre otras decenas y decenas) es, sencillamente, GLORIOSA.
Y todo ello en una película que tiene introducción, nudo y desenlace, como toda historia que se precie, que en realidad no deja de ser un juguete gigante en manos de un niño de más de 70 años que es un genio, y que es un homenaje de Spielberg a todo un universo que le debe mucho a él, pero en el que él mismo decide esconderse tras otros iconos. Pienso que en realidad READY PLAYE ONE es una versión 5.0 de Los Goonies: una panda de chavales viviendo una aventura extraordinaria.

Podría seguir detallando guiños, metaguiños y guiños sobre guiños, pero mejor descubrirlos por uno mismo. Es una película de Steven Spielberg, de las mejores, y su reencuentro con el cine de “evasión”, pero al mismo tiempo de autor (a ver quién es capaz de igualarle) . Todo su universo está ahí. Un chaval con una situación familiar complicada. Un grupo de amigos que unen sus esfuerzos por una causa mayor. Los buenos, y los malos, claro, que haberlos haylos. Básicamente la codicia y el no tener corazón en un mundo en el que el dinero lo quiere ser todo, y en el que la tentación de huir de la realidad es aún más perentoria de la que aquí y ahora sentimos muchas veces.

Spielberg ha demostrado en los últimos tiempos (ya unos cuantos años de hecho) ser un humanista y un moralista, en el mejor sentido de la palabra. No se trata de decirnos en plan Pepito Grillo lo que está bien y lo que está mal, pero si de enseñarnos que hay cosas que están bien y otras que están mal, ya sea publicar la verdad en contra de los intereses de un Gobierno, o hacer de este mundo un lugar mejor, aunque sea a través de los recursos mágicos que nos ofrece un universo de realidad virtual.

Ah, por cierto, la moto de Akira también está en esta película. Y el Gigante de Hierro. Y el Cubo de Zemekis, y el Batmovil de la serie de TV… Y estupendos esos dos protagonistas, Tye Sheridan, a quien vimos en la excelente “Mud” y Olivia Cooke, a quien vimos en la igualmente excelente “Me & earl & The Dying Girl”.

He dicho.
En Torrespaña, Madrid a 22 de Marzo de 2018.
(To be continued)
@Gerardo_DDC

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