Astrid, Pipi y Agnès

Me entero ahora, en estos tiempos en los que casi todo se redefine, que “Pipi Calzaslargas” es feminista. Pido disculpas por no haberlo visto antes, y no las pido con retranca, sino de verdad,  porque yo soy fan de Pipi y siempre me pareció maravillosa tanto ella con su desparpajo irreverente, como sus historias, aquellas que vimos en Televisión en los primeros años 70, en un tardofranquismo que evidentemente no se enteraba de la carga de rebeldía que escondía aquella pelirroja de coletas para arriba, su mono, y su libertad absoluta.

Aunque bien visto, quizás es bueno que tuviese a Pipi como mi heroína, eso me convertiría en feminista en toda regla en primera hornada. Y yo sin enterarme. Con el crédito que dan ahora estas cosas. Te pones la etiqueta adecuada (seas o no seas lo que dice la etiqueta que eres) y ya eres guay.

Bueno, todo esto viene a cuento porque esta semana se estrena “Becoming Astrid”, una estupenda y preciosa película que me resisto a calificar de biopic, en la que nos cuentan, en flashabck, el periodo de vida de Astrid Lindgren, la escritora de (entre otros libros) “Pipi Calzaslargas” que va desde los 16 a los 19 años, en los que la sucedieron no pocas cosas que conformaron su mundo.

“Becoming Astrid” está dirigida por una mujer, Pernille Fischer Christensen, y protagonizada por Alba August, hija de Bille y Pernila August, quien lo hace muy, pero que muy bien, interpretando a sus 24 años a una mujer que entre los 16 y 19 años vive toda una vida que va a conformar su vida y su obra.

Lo mejor de una película como “Becoming Astrid”, titulada entre nosotros, “Conociendo a Astrid” (no se muy bien el motivo del cambio) es que no parece de cartón piedra, y que sus personajes son de verdad, al contrario de lo que sucede en los biopics más convencionales, aunque ya he comentado que no me parece un biopic, aunque puede que formalmente lo sea. Pero ya desde el comienzo de la película con una Astrid Lindgren anciana, abriendo cartas de sus admiradores, niños, que le han mandado para felicitarle por su cumpleaños, la película nos atrapa.

Debo decir que Pipi Calzaslargas no está presente en la película, pues Astrid Lindgren no creó su personaje hasta bastantes años después, pero lo está de forma implícita a través de esas cartas de sus pequeños admiradores (y muy sensatos) y a través de cosas que se pueden leer entre lineas en la película. O a lo mejor esto es algo que yo quiero ver, siendo como soy desde hace 40 años, fan de Pipi Calzaslargas.

“Becoming Astrid” es una película emocionante, ya lo he dicho, que huye del sentimentalismo, pero nos coloca al borde de las lágrimas. Bueno, al menos a mi, que soy un sentimental.

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Y hablando de mujeres de talento, de historias ejemplares, de igualdad y de feminismo, hoy se nos ha muerto la Gran Agés Varda, un ejemplo de todas esas cosas hasta su final, siempre al pié del cañón, haciendo lo que le gustaba, contando historias a su particular manera,de forma libérrima, con fundamente, pero sin monsergas, juvenil a sus casi 90 años, llena de una lucidez que está pidiendo a gritos mucha gente de infinitamente menos talento que lo suplen con palabrería.

De Agnès Varda se decía que fue “la musa dela nouvelle vague”, cosa que me parece de una petulancia extrema. O paternalista, que es un termino de moda ahora, usado para muchas cosas. ¿Como podía ser la musa de la nouvelle vague alguien que sobresalía como los más destacados miembros de la nouvelle vague? Ahhh, ese machismo recalcitrante. A Agnès Varda no le hacía falta ser la musa de nada, le bastaba con su talento para hacer películas, desde “Cleo de 5 a 10” hasta “Caras y lugares”, y si acaso, fue la musa de Jacques Demy, como Jacques Demy fue su muso.

Creemos que las personas como Agnès Varda nunca mueren, porque las vemos a cualquier edad llenas de vitalidad, talento y creatividad. Son un ejemplo a seguir. A mi me produce vergüenza ajena pensar que gentes como ella, o como Godard, o como Clint Eastwood,siguen siendo creativos a unas edades a las que muchos solo se ven viendo la televisión y poco más. Me resulta inimaginable no verme a mi como a esas personas, porque me resulta inimaginable verme a mi dejando de trabajar, y de hacer lo que me gusta, simplemente porque no se que ley dice que ya no puedo hacerlo. Flaubert fue Madame Bovary. Yo soy Agnès Varda, y Godard y Clint Eastwood. Y me gusta la gente de talento, aunque yo no lo entienda, y que lo ejercen contra viento y marea.

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En Villa Kunterbunt

a 29 de marzo de 2019

@Gerardo_DDC

Sin filtros (como los bisontes)

Me parece muy relevante y una muy buena noticia que Clint Eastwood haya hecho un retiro en su retiro interpretativo para dirigir e interpretar “La mula”.

Dado que con “Gran Torino” había dejado el listón muy alto, que 11 años después vuelva a ponerse ante unas cámaras dirigidas por él, es para mí una grandísima noticia. Y además el resultado es plenamente satisfactorio.

Seamos serios: la película no está a la altura de “Gran Torino” pero a mí me da igual. Viendo la película, que es muy pero que muy entretenida, tengo la impresión de que Clint Eastwood deja de preocuparse por algunos cabos sueltos de lo que es una narración convencional, para atar otros cabos sueltos que le interesan más, y que tienen que ver con su universo particular, o lo que es lo mismo por como ve el mundo a sus casi 89 años.

Debo decir que a mí me gustó bastante “Golpe de efecto”, que fue esa película que interpretó al lado de Amy Adams, en el típico papel de su hija con la que tiene alguna deuda del pasado, hace creo que 5 años, dirigida por Robert Lorenz, aunque la película era en todo momento una película de Clint Eastwood. Daba enteramente la impresión de que había delegado la parte más rutinaria de la dirección en Lorenz.

Con Clint Eastwood viene a pasar un poco lo mismo que durante años ha pasado con John Ford. Alguna interpretación que no deja de ser una astracanada, le califica poco menos que de fascista o de ultraconservador, y por tanto descalifica su trabajo. Alguna gente dijo tonterías de ese tipo por ejemplo con “el francotirador”, que era una película bastante amarga y muy poco patriotica. Menos mal que Clint Eastwood se empeña película trás película desde hace décadas en hablar a través de su trabajo.

La mula es una película “sin filtros”. La ocurrencia no es mía, sino que el mismo Clint Eastwood lo dice en la película sobre sí mismo, y no me cabe la menor duda de que va con segundas. Dice lo que quiere decir sin importarle la corrección política, entendido este término en su concepción más patética. Nunca he oído a Clint Eastwood decir una barbaridad en sus películas, pero si le he oído decir cosas con mucho sentido común que el papanatismo cultural que nos rodea lo considera reaccionario.

Por ejemplo, en “La mula” una de las escenas en las que algunas personas han acusado a Clint Eastwood de racista, se refiere a cuando el buen anciano al que interpreta, se para en una carretera para ayudar a una familia de negros (la corrección política tendría que hacerme decir “afroamericanos”, pero yo voy prescindiendo también de filtros) que se han quedado tirados por un pinchazo. Por supuesto que Clint Eastwood se rie de ellos, pero no por ser negros, sino por pertenecer a esa clase acomodada de Occidente, adocenados totalmente, y que parece no saber andar por el mundo si no es con un smartphone en la mano y conexión a Internet. Eso mismo por cierto es lo que hace Jordan Peel en “Nosotros”. Está claro que la estupidez es “transversal”. Palabra por cierto de moda y políticamente correcta que la uso con la carga de ironía que le corresponde y no por convicción.

En “la mula” Clint Eastwood parece querer saldar deudas con esas cosas que le obsesionan. Su propia hija interpreta a su hija en la película, con quién de nuevo, y es algo recurrente en sus películas, tiene una pésima relación por sus faltas en el pasado. También dejó tirada a su mujer, y solo parece tener una relación un tanto cordial con su nieta.

Imagino que ya sabréis que en “la mula” Clint Eastwood interpreta a un anciano que, acuciado por sus problemas económicos, acaba transportando droga en su camioneta, habida cuenta de que el cártel para el que trabajada por hecho que alguien como él, de su edad y con un expediente de tráfico intachable, no va a llamar en ningún momento la atención de la policía.

Pero toda esa trama de transporte de droga y de contacto con el jefe del cártel, un tipo tan hortera como cabe imaginar, interpretado por Andy García, y con la gente del hampa con la que se tiene que relacionar, no es más que un McGuffin para hablar de lo que realmente le interesa, que no es otra cosa que poner orden en su vida, reconciliarse con aquellas personas a las que no presta la debida atención, y de paso y si es posible ganar algún dinero, y pasárselo tan bién como pueda.

Hay quien me ha dicho que es una película machista. Obviamente yo no lo creo así. salvo que algo se me haya escapado a mí, y a estas alturas la gente del mundo de la droga, y toda esa canalla que lo rodea, sean sensibles y feministas.

Yo me quedo con Clint Eastwood sin filtros. Sé que no los tiene desde hace muchos años, pero es la primera vez que lo dice explícitamente en una película suya.

Los bisontes, por cierto, además de ser una especie desaparecida de tiempos remotos, eran unos cigarrillos que existían cuando yo era niño que no tenían filtro.

Y además, os reto a que me digáis qué actor de 89 años puede encabezar el cartel promocional de su película con el aplomo con el que lo hace Clint Eastwood.

En Sinaloa, mientras cargo la furgoneta.
A 24 de marzo de 2019

@Gerardo_DDC.

La mujer de la montaña. Las chicas son guerreras

Debo empezar diciendo que últimamente película que veo de Islandia, película que me encanta. O al menos esa es la impresión que tengo.

Me hace gracia que en “Dolor y gloria”, la nueva película de Pedro Almodóvar, que me ha gustado mucho, el alter ego del director manchego se permita hacer un chiste diciendo que “es increíble que sus películas gusten tanto en Islandia”.

Recuerdo hace un par o tres de años lo mucho que me gustó “Corazón gigante”, y ahora lo mucho que me ha gustado esa preciosa película, titulada entre nosotros “La mujer de la montaña”, escrita, dirigida y producida por Benedikt Erlingsson, y protagonizada por Halldóra Geirharðsdóttir.

Reconozco que no he visto las películas anteriores del amigo Benedikt, pero me han entrado unas enormes ganas de verlas. Con respecto a la actriz de nombre impronunciable para mí, he de quitarme el sombrero: maravillosq por partida doble

“La mujer de la montaña” es una película, inteligente, irónica y con mala leche, pero al mismo tiempo está llena de bondad, ecologismo, feminismo y humanismo. pero no son solo palabras grandilocuentes que decimos para quedar bien, que es la norma, sino que dan sentido a la historia que cuenta.

La historia que cuenta “La mujer de la montaña” es la de una mujer luchadora en plan Quijote, (¿O debo decir Quijota?) contra unos molinos de viento que son hoy la contaminacion en su país. Halla, de 49 años es pura determinación, y no hay más que ver sus ojos. Y por cierto, Halla también tiene su particular Sancho Panza. Islandés eso sí

La película funciona, me parece a mí, a modo de comedia Ealing, esas comedias británicas costumbristas de la posguerra llena de personajes pintorescos y habitualmente nobles causas o causas perdidas. y me recuerdas por momentos aquella princesa película de los años 80 con música de Mark Knopfler “Local Hero”

Además de que empatizamos inmediatamente con la protagonista por muy encuentra que tenga a las fuerzas del orden, a mí me congratula ver a esos músicos en pantalla continuamente ejecutando la música que escuchamos. A eso se le llama, ya sabéis, música diegética, o sea la música que escuchamos y que emana de la propia pantalla. Además de divertido y original, la música funciona perfectamente para la historia.

No voy aquí a desvelar detalles de la historia, que luego la gente se queja de spoilers, pero si voy a decir que he visto la película con una sonrisa de oreja a oreja. Sólo decir que hay una subtrama personal importante en la película.

Sí a todo esto se le puede considerar una recomendación, tómadla pues como tal: no dejéis de ver la estupenda película islandesa “la mujer de la montaña”.

En un glaciar islandés, a sábado 23 de marzo a las 15:37 de la tarde.

@Gerardo_DDC

Nosotros (y vosotros y ellos)

Recuerdo que hará cosa de un año, o algo más, cuando se estrenó en salas la estupenda película titulada entre nosotros “Alma mater”, de la cual por cierto tengo una entrada por ahí en este blog, pensaba que aquellas personas que la protagonizaban, con Hiam Abbass como cabeza visible, aquella familia absolutamente normal en medio de la guerra de Siria, serían aquellos que poco tiempo después veríamos en los informativos tratando de huir de su país con el tratamiento oficial de refugiados siendo ninguneados y rechazados por lo que conocemos como sociedad civilizada. O sea, nosotros. Siempre pensé que aquellas personas éramos igualmente nosotros.

De esto me acordaba el otro día viendo la nueva película de Jordan Peele, titulada precisamente “Nosotros”, de nuevo una muy inteligente y renovadora incursión en el género the terror para hacer toda una radiografía social, tantode su país, Estados Unidos, como de la condición racial de buena parte de su población, pero también y sobre todo, me parece a mí, sobre ese reflejo que de algún modo tenemos todos en una especie de reverso tenebroso. o quizás nosotros seamos el reverso tenebroso de algo. O sea todos tenemos otro “nosotros” en algún lugar del mundo, aunque sea metafóricamente hablando, o aunque sea en nuestro subconsciente.

Lo primero que llama la atención en “Nosotros” además de las estupendas formas como director de Jordan Peele, es como es capaz de darle la vuelta a todas las convenciones con un realismo tan sugerente como inquietante. Sí en “Déjame salir” hacía una especie de contraadaptación de “Adivina quién viene esta noche” con mucha inteligencia y desparpajo, aquí vuelve a servirse del “otro lado” para ofrecernos en principio un relato tan anodino y convencional de una familia tan anodina y convencional como el cine americano nos ha mostrado tradicionalmente. Una familia de clase media, un marido, una mujer y dos hijos. La diferencia con lo que hasta ahora ha sido lo convencional es que son negros. Hay un prólogo ambientado tiempo atrás que no voy a desvelar pero en el cual está la clave de el grueso de la narración.

En “Nosotros” hay un poco de “La invasión de los ladrones de cuerpos” y un poco, reinventado, de cualquier película de zombies que podamos imaginar. Lo que plantea Jordan Peele en el mismo título ya, con lo que no creo andar destripando nada, es que por cada uno de nosotros hay en algún lugar de un submundo más cercano de lo que nos creemos, otro nosotros que funciona como antítesis nuestra, y qué es lo contrario a lo que somos nosotros, partiendo de la base de que los nosotros de “aquí y ahora” nos hemos llevado la mejor parte en un reparto en el que no todos han jugado con la misma baraja. Todo ello le sirve a Jordan Peele para hablar de muchas más cosas de las que a priori puedan parecer. Y como hacía Clint Eastwood en su recién estrenada “Mula”, Jordan Peele también parece despotricar con un humor bastante irreverente sobre algunas de las esclavitudes que esta sociedad tan limpia y civilizada nos ha impuesto, o nos hemos dejado imponer.

Ojo, porque aquí la estupidez, y la culpa, es totalmente transversal, y afecta por igual a blancos y a negros, pues sí la familia protagonista es negra, sus mejores amigos son blancos pero igualmente estúpidos y banales. Deslumbran por cierto las dos mujeres, Lupita Nyong’o y Elisabeth Moss, ambas por partida doble, y aquí lo dejo.

Conviene ver la película con los ojos bien abiertos, sin prejuicios, y escuchando atentamente alguna gloriosa frase aparentemente trivial que es un retrato certero y feroz del estúpido mundo en el que vivimos tan confortablemente.

En algún lugar dentro de uno de los muchos kilómetros de túneles subterráneos que hay bajo nuestros pies, a 20 de marzo de 2019.

@Gerardo_DDC

Here I go again

Mis disculpas por desaparecer tanto tiempo. A veces no doy más de mí. Y ahora en el AVE, de vuelta de Málaga, cansado y pensando en que mañana hay que trabajar (ojo, que yo disfruto enormemente) quiero decir que ayer vi una película muy especial, “Buñuel en el laberinto de las tortugas” una recreación animada de la aventura de Luis Buñuel para hacer “Las Hurdes”.

Me gusta el retrato de Don Luis, sin duda un tipo genial, aragonés y libre como pocos lo serán jamás. Un tipo que podía ser cruel, o al menos parecerlo, y al mismo tiempo, o inmediatamente después, enternecerse y llorar.

La película la ha dirigido, y muy bien, Salvador Simó Busom con producción de Manuel Cristobal, un tipo con un especial empeño en hacer buen cine desde la animación.

Debo confesar que “Las Hurdes” sigue pareciendome hoy una película brutal. Y “Buñuel en el laberinto de las tortugas” cuenta de una forma muy didáctica, casi a modo de “making of”, pero con poesía y amor, el rodaje de aquella película tan fundamental como incomprendida en la carrera de Luis Buñuel.

Y me emociona la historia de la historia de su amigo, productor ocasional de la película, Ramón Acin. Un hombre sin nombre en los créditos de la película por decisión de La República, restaurado en 1960 por ese heterodoxo genial, libre, boxeador y amante de los revólveres que fue Luis Buñuel.

“Buñuel en el laberinto de las tortugas” se estrenará el 26 de abril

En el Ave Málaga Madrid, en un lugar de la mancha de cuyo nombre no quiero acordarme.

INGMAR BERGMAN: 1918-2018

Llevo meses pensando en ello como el neurótico que ya asumo que soy. Desde que en @DiasDeCine hicimos el especial sobre Howard Hawks emitido el 4 de enero de este año estoy pensando en el centenario de Ingmar Bergman y en como plasmarlo en Días de Cine. Finalmente, y sin entra a detallar todas las posibilidades que había, un monográfico el jueves de la próxima semana, un programa especial el día 14 de julio, un reportaje largo también la próxima semana, o dedicar el mes de julio a Ingmar Bergman, me decanté por esta última posibilidad. La idea es hacer 4 reportajes que vayan más allá de una visión cronológica o meramente biográfica y tratar al cineasta sueco desde varias perspectivas clave que articulan su filmografía y que como aquellos senderos borgianos, se entrecruzan entre si una y otra vez. Recuerdo hace muchos muchos años, cuando yo iba a la Facultad de Ciencias de la Información (yo hice Imagen) y poco menos que tenías que posicionarte entre “Ford” y “Bergman”. Al igual que me sucede con Chaplin y Keaton, o con Beatles y Stones, yo no elijo porque me quedo con los dos. Además… años despues leí en un sitio que Ford y Bergman consideraban al otro “el mejor director del mundo” Si ellos lo pensaba, ¿quienes somos nosotros para dudar lo más mínimo?

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De modo que esta semana empezamos con la primera entrega, que he hecho yo mismo, una especia de notas clave sobre una gran partitura, centrándose en dos ideas claves: el teatro, y el mundo de la representación en Bergman. Si es relativamente fácil hacerse una idea de lo que el mundo del teatro representa en Bergman, quizá sea más complicado entender lo que significa “la representación”, pero antes que contar lo que no se puede contar, prefiero poner como ejemplo el comienzo de “Persona” o esas imágenes de Fanny y Alexander fantaseando con una linterna mágica. Esa es la idea de la representación en Bergman, o como dice alguien en alguna de las muy jugosas entrevistas que hemos hecho, “mirar, y mirar a quien mira” . Por cierto, Ingmar Bergman se compró en 1949 una pequeña cámara de 9.5 mm con la que durante años documentó a modo de pequeños documentales todos sus rodajes en imágenes impagables.

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Con el fin de evitar que cada reportaje se construya desde el modo tradicional de “mucho off y alguna entrevista” hemos recurrido a varias personas para invertir esa formula, y de paso, tratar de hacer más accesible a quien lo es de hecho, aún a pesar de su fama, que ya digo es absolutamente inmerecida: Ingmar Bergman es un cineasta transparente, preciso, vitalista, serio, luminoso y oscuro. O sea, como la vida misma. Nunca me ha ha burrido ni un solo segundo una película de Ingmar Bergman. Dicho esto, las personas a las que hemos entrevistado, o se han dejado amablemente entrevistar, son Jane Magnusson, cineasta sueca, documentalista, autora de dos documentales sobre Ingmar Bergman: “Tresspassing Bergman”, en el que la cineasta se lleva a la isla de Faro a varios cineastas para rastrear la huella de Ingmar Bergman en ellos, y “A year in a life”, documental que toma como punto de referencia un año, 1957, en el que el cineasta rodó dos películas monumentales, “Fresas salvajes” y “El septimo sello”. Además, Jordi Puigdomenèch, profesor y autor del libro “Ingmar Bergman, el último existencialista”, los críticos (y tambien profesores) Javier H. Estrada y Lucia Tello Díaz. Además, entevistamos al Gran Carlos Saura, quien siempre ha manifestado su devoción por Ingmar Bergman, y en cuyo cine pueden seguirse algunas de sus huellas más importantes.

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Para la próxima semana, la semana del centenario de Ingmar Bergman tenemos reservado un hueco muy especial a otro de esos grandes temas de Bergman, tan eterno como su propia inspiración… o no: Dios, y la muerte. Decir Dios en Bergman es hablar de lo que él mismo calificaba como “bajamar y pleamar”. Y la muerte… si hay una imagen de la muerte en la historia del cine, esa es la de “El séptimo sello”. Pocas veces (muy pocas veces) Dios ha estado tan presente en el cine como en el cine de Ingmar Bergman, aún cuando en sus películas plantee sus dudas de la forma más explicita. En sus películas Bergman decide mirar a Dios a los ojos y reclamarle respuestas… Hijo de un severo pastor luterano con quien recorría las iglesias, Dios, y la figura del padre van irremediablemente unidas en Bergman. Y la muerte.. de la mano. No en vano, fue en una de las visitas a la Iglesia de Upsala con su padre, cuando el niño Bergman descubrió un fresco en el que se representaba a la muerte jugando al ajedrez con un caballero. Y fue un amor frustrado en Alemania, cuando un joven de 18 años vió desaparecer de la noche al día a su amada, una judía, con toda su familia , lo que hizo que Bergman, hasta entonces un fervoroso creyente, dejara de creer en Dios. Quiro pensar que Alejo Moreno no tiene unas dudas y obsesiones tan bergmanianas, porque desde un primer momento quiso hacer esta parte. Pensándolo bien.. ¿quien no tiene ese tipo de dudas, y quien no se hace ese tipo de preguntas?

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La semana siguiente, el tercer reportaje, versará sobre un tema que me interesa mucho y que de nuevo, tras el tema de Dios, empareja a Bergman con Buñuel. Siempre he tenido a ambos como grandísimos directores de cine, así, sin más, pero cuyo inmenso talento ha quedado eclipsado por sus temas. Osea, la forma, eclipsada por el fondo. De modo que en ese tercer reportaje, que a fecha de hoy está haciendo ya Alberto Bermejo, tratamos de desvelas las claves de Bergman como cineasta, o sea, como dirige a los actores, como usa la cámara y el montaje, como ilumina, como escribe los guiones… Todo eso que en una buena película es transparente, pero que es imprescindible para que ese “fondo” tenga fundamento. Ver hoy día de nuevo las películas de Ingmar Bergman, y sobre todo ahora que es posible, verle dirigiendo en los varios “making of” que acompañan a varias ediciones de sus película es toda una master class.

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Y la última semana de julio la dejamos para ese otro gran y eterno tema e Ingmar Bergman: las relaciones de pareja y las relaciones padre (más que madre) y los hijos (sobre todo, aunque con alguna excepción, con el hijo”. Que Bergman se casara unas cuantas veces, y tuviera algunas amantes más, y que algunas de sus relaciones fuera realmente tortuosa, y tuviera 8 hijos, parece una buena experiencia para reflexionar en la pantalla de forma inmejorable como él lo hizo en películas como “Secretos de un matrimonio”. Se encargará de este tortuoso, al tiempo que edificante tema Raúl Alda, y prefiero no especular con los motivos por los que deseaba ocuparse de él.

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La relación con la Televisión, que le tenía obsesionado hasta el extremo de poder ver en tiempos hasta la carta de ajuste, sus trabajos en los años 50 para publicidad, su retiro anunciado tras “Fanny y Alexander” y su monumental obra posterior hasta “Saraband”, bien por mano propia en películas, o por mano ajena en películas también, o su faceta de inmejorable escritor, también se verán en Días de Cine.

Parece un recorrido enorme, pero sin embargo he de decir, que la sensación es apenas haber podido arrascar en la superficie de la obra de un cineasta monumental, como dice Javier Estrada en su entrevista, “uno de esos pocos cineastas, que no son más de 10, capaces de cambiar vidas”.

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Esperemos que con nuestra aportación, cambie alguna vida, o cuando menos que un puñado siquiera de gente se plantee acercarse al universo de Ingmar Bergman. Yo les diría que merece la pena, pero ¿quien soy yo?

En la isla de Faro… a 4 de julio de 2018

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Who´ll stop the rain?

Llueve a cántaros, como decía la canción que tenía que llover, pero, ya está bien, ¿no? Acabo de llegar a casa de un intento de paseo matinal con Foxy y Golfo, mis perros, y aunque me he ataviado como dictan los cánones, un impermeable hasta más allá de las rodillas y unas botas “de agua” a los 10 minutos he tenido que volver del diluvio que caia. Eso si, los pertrechos han permitido que al contrario que en otras ocasiones, no haya vuelto empapado.

Llueve, y no llueve mansamente que digamos. Oía sonar el agua en la capucha del impermeable y no podía dejar de pensar en aquellos astronautas de uno de los capítulos de “El hombre ilustrado” que estaban en un planeta donde no paraba de llover, y tenían dos alternativas: o bien se quitaban el casco, con lo que el continuo golpear del agua en sus cabezas los volvía locos, o bien se lo ponían, y entonces, en continuo golpear del agua en los cascos provocaba un ruido machacón que los volvía locos.

Llueve, y no llueve mansamente, como salmodiaba Cela en “Mazurca para dos muertos”. Llueve insistente y violentamente, un día tras otro, con apenas unos ratos de aparente tiempo primaveral que parecen destinados a engañarnos.

Llueve real y metafóricamente. Esta semana ha habido un auténtico diluvio, y recordaba a Travis, en “Taxi driver” hablándonos en off diciéndonos aquello de que esperaba que algún día la lluvia limpiases las calles de escoria. Ha llovido y se ha llevado por delante un gobierno que ni siquiera sabe porqué llueve. O dice no saberlo. O piensa que por negar que lo sabe, lo que sabe que sabe, no sucedió jamás. Es freudiano. Pero también peligroso. Negar la realidad es más que un juego de niños. Lo que no se es si a esa lluvia, como un torrente, que se ha llevado un Gobierno, le seguirá una lluvia de barro, cual si de una plaga bíblica se tratase. O si escampará. “Vivir es fácil. con los ojos cerrados sin entender lo que ves” Esto era un verso de “Strawberry fields forever” y parte del título de la película de David Trueba. Y es algo que se repite una y otra vez en unos y en otros. Dejar de sentir el suelo bajo los pies es peligroso. Suele ir unido al síndrome del traje nuevo del emperador.

Llueve, y me acuerdo de aquel “Lluvia” de Lewis Milestone, y de “Huracán sobre la isla” de Jord, y de “Entre pillos anda el juego” y como a  Dan Aykroyd, parecía que ya no podía pasarle más y se ponía a llover.. y  más…

Pero también es cierto que me acuerdo de ese formidable remedio contra la tristeza que es “Cantando bajo la lluvia”. Hay esperanza. Más si sabemos que Gene Kelly rodó esa escena en julio con 40 de fiebre.

Llueve, y recuerdo canciones como “Rail”, ácida, o “it´s raining again”, luminosa, o aquel “Who´ll stop de rain” de Creedence Clearwater Revival que era mucho más que una canción…(y título de una película de Karel Reisz)

Y yo, como Tom Fogerty aunque sin su voz y su guitarra, me digo y os digo también…

And I wonder… Still I wonder.. Who´ll stop the rain?

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PS. esta semana se estrena ese Don Quijote de Terry Guilliam. Sería imperdonable perderse una película heterodoxa y genial que huye de cualquier convención y camino trillado para poner al Quijote en el siglo XXI en plena forma. En el mundo sobran gigantes, o molinos de viento, y faltan muchos Quijotes. Y Sanchos Panza también que son aquellos que debieran decirle al Emperador que va desnudo, en lugar de decirle lo bien que le queda ese traje inexistente. Pensar que cuando Camarón cantaba “La leyenda del tiempo” no sabía que es lo que quería decir también nos consuela, y su estupendo documental que se estrena esta semana.

En El Planeta Lluvia

1 de junio de 2018

@Gerardo_DDC

Who´ll stop the rain?

Terry Gilliam: Un Quijote de Minnesota

Llevabamos casi un cuarto de siglo oyendo hablar del proyecto de Terry Gilliam de llevar a la pantalla El Quijote, y sabiendo todo lo que había que saber sobre su quijotesco empeño tras su particular “Lost in La Mancha” , de la que dejaron crónica filmada en forma de documental Keith Fulton y Louis Pepe.

Aquello sucedía allá por el 2002, y el buen Jean Rochefort dio con sus huesos en las estrellas (en la prosaica forma de una hernia de disco primero), que finalmente, cuando nos dejó, fueron menos metafóricas de lo que el buen Terry Giliam hubiera querido.

Reportaje de @DiasDeCine sobre Lost In La Mancha y los Quijotes en el cine

Hace tiempo que ya no está entre nosotros Jean Rochefort, pero el espíritu de Don Quijote, su maravillosa locura, no escapa de Terry Gilliam, como él mismo reconoce. Bendito sea. Yo se lo agradezco. ¿Debo explicar que soy fan suyo de forma incondicional?

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Cuento esto porque hace unos pocos días pude ver en un pase privado “El hombre que mató a Don Quijote”, su plasmación final del Universo del Caballero de la Triste Figura tras años de quijotesco empecinamiento. Tras su naufragio en Los Monegros a comienzos del siglo XXI, debo agradecer a Tornasol y a Gerardo Herrero y a Mariela Besuievski, haber permitido que Terry Gilliam haya podido llevar finalmente a cabo su empeño. Ha merecido la pena. Ya he leído por ahí notas discordantes con lo que yo creo. Pero en su imperfección y desmesura (quijotesca) esta película es más perfecta y está más viva que otras miles que se antojan intrascendentes y sin alma.

Claro que nadie debería esperar que Terry Gilliam hiciera una adaptación ortodoxa del Quijote. En su visión hay más Quijotismo que en ninguna otra película que haya adaptado la novela de Cervantes, salvo, probablemente, el igualmente quijotesco empeño de Orson Welles.

Debo decir, empezando por el final, y contraviniendo de forma quijotesca lo que ha de ser el dogma de “introducción, nudo y desenlace”, que “El hombre que mató a Don Quijote” me fascinó. De principio a fin, como me fascinó “El imaginario del Doctor Parnassus”, “El Rey Pescador” o incluso “El teorema del Zero”. Yo sé que esto no ayuda, y que habrá quien salga corriendo antes de pensar siquiera en verla, pero yo soy muy quijotesco en mi ser. Yo aprendí a leer en el colegio con el Quijote desde los 3 años. Obviamente no me enteraba de nada, y lo abandoné… para retomarlo como se debe a la edad pertinente. Lo he leído varias veces, me parece divertidísimo y sobre todo un libro enormemente sabio. Algún día me gustaría hacer (siempre he soñado con ello) una película de su novela dentro de la novela que es “El curioso impertinente” que me parece lo más adaptable del Quijote, y plenamente actual como comedia de enredo.

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No quiero decir demasiado, más allá de la emoción que me causó ver la película. De momento. En “El hombre que mató a Don Quijote” vemos a un director de cine convertido en el particular (y a la fuerza) Sancho Panza de un Don Quijote que ni siquiera lo es. Y una locura maravillosa que se traspasa de Quijote en Quijote. Vemos a menesterosos, a gigantes y a molinos de viento. Y a Clavileño. Y a la sin par Dulcinea, o quizás sean dos sin pares Dulcineas. O quizás todas las mujeres a las que amamos son la sin par Dulcinea.

Vemos a un magnate ruso hortera de solemnidad y a un productor de cine marrulleando para hacer su película. Vemos a Rocinante, y vemos el Yelmo de Mambrino. También vemos a sin papeles musulmanes y a la Guardia Civil. Incluso a Els Comediants, y las caras de Jordi Mollá, Sergi López, Olga Kurilenko, Stellan Skarsgard, Adam Driver o un gran Jonathan Price, un Quijote 100% Quijote, aún hablando en inglés.

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Le decían en “Cyrano de Bergerac” al buen Cyrano, que si se empeñaba en luchar contra los molinos de viento podría acabar con sus huesos en el suelo, a lo que él contestaba “o en las estrellas”. Terry Gilliam es uno de los últimos y más puros Quijotes que existen en este mundo, demostrando lo que bien sabía Cervantes: que aquel lugar de cuyo nombre no quería acordarse, bien podría ser de La Mancha o de Minnesota.

Gracias amigo Terry Gilliam por tu bendita y Quijotesca locura.

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Y como se dice en la película para darle final, o casi… “Don Quijote, nunca morirá”

Continuará… cuando se estrene la película y se hayan asentado en mis neuronas las sensaciones de este primer visionado.

Ah, se me olvidaba: Terry Gilliam dedica “El hombre que mató a Don Quijote” a Jean Rochefort y a John Hurt. Más grande no se puede ser.

En un lugar de La Mancha, o de Minnesota, de cuyo nombre no quiero acordarme…

A 10 de Mayo de 2018 (y publicado hoy por cosas de embargos)

@Gerardo_DDC

Once I was Lucky

 

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Tengo un poco abandonado este rincón, que abrí para pode dar rienda suelta a mi desenfreno, pero últimamente se me han cruzado en el camino 3 asuntos:

Martin Scorsese y su premio Principe de Asturias en @DiasDeCine, motivo por el cual me pidieron un texto de urgencia para la web de rtve.es (y luego hicimos, hice, una pieza para @DiasDeCine)

El prologo que amablemente me habían solicitado para un libro de próxima edición sobre el cine de los años 80, y preparar un coloquio sobre “El Padrino” que hicimos el pasado lunes en los Cines Paz, para lo cual me volví a ver los Padrinos, y muy en particular los documentales de todo tipo y condición que acompañan a las películas en las ediciones en DVD y Blu Ray. Una vez más, quedé rendido al Padrino (una película en tres partes, y no tres películas como algunos creen) y volví a sentir emoción viendo un documental que vi hace unos 20 años titulado “A look inside”.

Ya superado ese aluvión, me gustaría hablar aunque sea brevemente de una preciosa película, “LUCKY”, la última del gran Harry Dean Stanton, dirigida por un tipo mucho más que interesante, John Carroll Lynch, actor a quien pudimos ver en películas como “Zodiac”,”Gran Torino” o mismamente “Fargo”, y quien demuestra como director un temple ejemplar para contar la historia de ese anciano al que conocemos por su nickname, “Lucky”  que se resiste a dejar de vivir, lo cual, seguramente, le convierte en una persona “forever Young”. Que por allí aparezca David Lynch (que no tiene nada que ver con el director de la película a pesar de compartir apellido) es un lujo, sabiendo como sabemos lo mucho que estimaba a su amigo Harry Dean Stanton, a quien su cámara mimaba en la tercera temporada de Twin Peaks. Lynch (David) hace un papel entrañable, un tipo que echa de menos a su tortuga, que se ha escapado.

En un pueblo perdido en medio de ningún sitio, con un sol deslumbrante y un aire transparente, Lucky repite día a día su ritual vital para reconocer en un momento que tiene miedo (a morir, entendemos). Cuesta creer que Harry Dean Stanton falleciera hace unos meses, pero tengo que recordar que yo mismo hice (con el pesar habitual) su “Habitación verde” para @DiasDeCine. Socarrona y vitalista, crepuscular y emotiva, la película tiene un final muy bonito, y el mismo Harry Dean se permite chapurrear en español, y lo que es mejor, cantar con alma en nuestra lengua.

Y no digo más… salvo que una vez, hace mucho tiempo, en 1984, volví en un avión desde San Sebastian a Madrid (tras el Festival de Cine) y en el asiento del otro lado del pasillo iba sentado Harry Dean Stanton. Una timidez absurda me impidió decirle nada de “Paris, Texas”, película que había ido a presentar al Festival, pero nunca olvidaré sus botas de cowboy. Yo me sentía un paleto ante aquel tipo que había buscado a Jonesy en la Nostromo. Y si, reconozco que una vez fui afortunado. O dicho en inglés, Once I was Lucky.

En algún sitio de la frontera…

a 10 de Mayo de 2018

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