Astrid, Pipi y Agnès

Me entero ahora, en estos tiempos en los que casi todo se redefine, que “Pipi Calzaslargas” es feminista. Pido disculpas por no haberlo visto antes, y no las pido con retranca, sino de verdad,  porque yo soy fan de Pipi y siempre me pareció maravillosa tanto ella con su desparpajo irreverente, como sus historias, aquellas que vimos en Televisión en los primeros años 70, en un tardofranquismo que evidentemente no se enteraba de la carga de rebeldía que escondía aquella pelirroja de coletas para arriba, su mono, y su libertad absoluta.

Aunque bien visto, quizás es bueno que tuviese a Pipi como mi heroína, eso me convertiría en feminista en toda regla en primera hornada. Y yo sin enterarme. Con el crédito que dan ahora estas cosas. Te pones la etiqueta adecuada (seas o no seas lo que dice la etiqueta que eres) y ya eres guay.

Bueno, todo esto viene a cuento porque esta semana se estrena “Becoming Astrid”, una estupenda y preciosa película que me resisto a calificar de biopic, en la que nos cuentan, en flashabck, el periodo de vida de Astrid Lindgren, la escritora de (entre otros libros) “Pipi Calzaslargas” que va desde los 16 a los 19 años, en los que la sucedieron no pocas cosas que conformaron su mundo.

“Becoming Astrid” está dirigida por una mujer, Pernille Fischer Christensen, y protagonizada por Alba August, hija de Bille y Pernila August, quien lo hace muy, pero que muy bien, interpretando a sus 24 años a una mujer que entre los 16 y 19 años vive toda una vida que va a conformar su vida y su obra.

Lo mejor de una película como “Becoming Astrid”, titulada entre nosotros, “Conociendo a Astrid” (no se muy bien el motivo del cambio) es que no parece de cartón piedra, y que sus personajes son de verdad, al contrario de lo que sucede en los biopics más convencionales, aunque ya he comentado que no me parece un biopic, aunque puede que formalmente lo sea. Pero ya desde el comienzo de la película con una Astrid Lindgren anciana, abriendo cartas de sus admiradores, niños, que le han mandado para felicitarle por su cumpleaños, la película nos atrapa.

Debo decir que Pipi Calzaslargas no está presente en la película, pues Astrid Lindgren no creó su personaje hasta bastantes años después, pero lo está de forma implícita a través de esas cartas de sus pequeños admiradores (y muy sensatos) y a través de cosas que se pueden leer entre lineas en la película. O a lo mejor esto es algo que yo quiero ver, siendo como soy desde hace 40 años, fan de Pipi Calzaslargas.

“Becoming Astrid” es una película emocionante, ya lo he dicho, que huye del sentimentalismo, pero nos coloca al borde de las lágrimas. Bueno, al menos a mi, que soy un sentimental.

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Y hablando de mujeres de talento, de historias ejemplares, de igualdad y de feminismo, hoy se nos ha muerto la Gran Agés Varda, un ejemplo de todas esas cosas hasta su final, siempre al pié del cañón, haciendo lo que le gustaba, contando historias a su particular manera,de forma libérrima, con fundamente, pero sin monsergas, juvenil a sus casi 90 años, llena de una lucidez que está pidiendo a gritos mucha gente de infinitamente menos talento que lo suplen con palabrería.

De Agnès Varda se decía que fue “la musa dela nouvelle vague”, cosa que me parece de una petulancia extrema. O paternalista, que es un termino de moda ahora, usado para muchas cosas. ¿Como podía ser la musa de la nouvelle vague alguien que sobresalía como los más destacados miembros de la nouvelle vague? Ahhh, ese machismo recalcitrante. A Agnès Varda no le hacía falta ser la musa de nada, le bastaba con su talento para hacer películas, desde “Cleo de 5 a 10” hasta “Caras y lugares”, y si acaso, fue la musa de Jacques Demy, como Jacques Demy fue su muso.

Creemos que las personas como Agnès Varda nunca mueren, porque las vemos a cualquier edad llenas de vitalidad, talento y creatividad. Son un ejemplo a seguir. A mi me produce vergüenza ajena pensar que gentes como ella, o como Godard, o como Clint Eastwood,siguen siendo creativos a unas edades a las que muchos solo se ven viendo la televisión y poco más. Me resulta inimaginable no verme a mi como a esas personas, porque me resulta inimaginable verme a mi dejando de trabajar, y de hacer lo que me gusta, simplemente porque no se que ley dice que ya no puedo hacerlo. Flaubert fue Madame Bovary. Yo soy Agnès Varda, y Godard y Clint Eastwood. Y me gusta la gente de talento, aunque yo no lo entienda, y que lo ejercen contra viento y marea.

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En Villa Kunterbunt

a 29 de marzo de 2019

@Gerardo_DDC

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