Hace unos años que me rondaba por la cabeza una idea loca. Loca porque es de locos pensar en escribir unas memorias por parte de alguien que no es nadie. Y ese soy yo. Una especie de apuntes, recuerdos y fantasías, que es como se titularon aquí las memorias de Federico Fellini en su día.
Y, sin embargo, contaba cosas de mi vida aquí y allá, a este y a aquella, y la gente me decía «eso tienes que contarlo algún día». Y yo pensaba, pues vaya tontería. Pero entre que la gente me decía eso, y que yo empecé a ver señales inequívocas de que en mi vida había demasiadas casualidades que unían mi propia vida con el cine, que no podían ser casualidades, siéndolo sin ninguna duda, hace ahora más o menos un año, me decidí a poner orden en esos recuerdos, sin olvidar que, como decía Kurosawa, «he olvidado quien dijo que la creación es memoria». Empecé a trasladar lo que salía de mis recuerdos a la pantalla (ya no se puede decir al papel) pensando que, con suerte, lo mismo salían 30 o 40 páginas. Un año después, ya terminadas y con la publicación en el horizonte, debo decir que me salieron bastantes más.
El otro día me echaba un cálculo mi hijo, ingeniero informático, nada dado a datar nada de forma fantasiosa, y llegaba a la conclusión de que había visto, desde que empecé a ver películas de forma oficial, o sea, desde que empecé a estudiar la carrera de Ciencias de la Información Visual y Auditiva (lo que ahora sería Comunicación Audiovisual) y lo evaluaba en unas 14.000 películas. Si a ello sumamos las que vi, de aluvión, desde que recuerdo, con 5 o 6 años, hasta ese momento oficial, la cifra aumenta, y además me acuerdo de muchas de esas que veía de niño. Para bien o para mal tengo una memoria insultante. Si tengo en mi casa unas 13.000 películas contabilizadas en formato físico (las series las tengo contabilizadas como una unidad), y viera una al día, me llevaría algo más de 35 años. Hasta yo me mareo.
Me puse, pero no dejaba de pensar que estaba escribiendo chorradas que no interesarían a nadie. A fin de cuentas, cuando yo leo memorias de cine son las de gente importante. Y sin embargo hice sondeos con algunas personas muy variadas, no necesariamente cinéfilas, y nadie escogió el modelo Bartleby y me dijo «preferiría no hacerlo», sino que muy amablemente leyeron lo que les mande, y para mi sorpresa me dijeron que eran muy divertidas y que se habían sentido muy identificadas. Para colmo me atreví a pedirle a una persona a la que admiro, alguien a quien conocéis de sobra, si me escribiría un prólogo y me dijo que sí. Yo estaba aterrorizado, e incluso le ofrecí a esa persona generosa retirarse si le parecía un despropósito, pero resultó que no se lo pareció. Y en esas estamos, viendo gazapos donde no podía ni imaginar después de repasar varias veces
Una cosa os voy a preguntar: ¿de verdad creéis que hay, ha habido o habrá, algún niño que con 8 años salga en una fotografía luciendo un fotómetro colgando del cuello? No es probable, ¿verdad? Bueno, pues yo soy ese niño que con 8 años lucía un fotómetro colgado del cuello. De esos polvos estos lodos.
Continuará.


Bendita locura sea, caballero. La de poder contar la Historia del Cine (con mayúsculas, por supuesto). La locura de crecer soñando y hacerse adulto materializando esos sueños en el día a día, y a su vez poder seguir soñando y acumulando vivencias cinematográficas en un no parar vital. La locura de saber que no es lo que cuentas, sino cómo lo cuentas. Parafraseando a Fellini : «La experiencia es lo que se obtiene al mismo tiempo buscando otra cosa ». No sé qué buscaba ese perspicaz niño de la foto, pero sí lo muchísimo que ha acumulado en esta vida dedicada en cuerpo y alma al Cine.
Esperemos que continúe esta Historia, Maestro.
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