En memoria de Federico Fellini.

En memoria de Fellini, os pongo por aquí el texto que he escrito sobre “las noches de Cabiria” para el estupendo libro que Notorious ha editado sobre el Centenario del director.

(Las noches de Cabiria es una de las películas de mi vida)

En Rímimi a 20 de enero de 1920

Cabiria… Cabiria… es Pensar en Cabiria y evoco en una décima de segundo la muy evocadora música de Nino Rota, y al mismo tiempo la evocación vocal que hizo Katyna Ranierini en un maravilloso disco llamado “Chansons pour Ferllini”, en el que ponía su dulce voz al servicio de la música de Nino Rota que acompaño a Fellini en sus películas durante años con una portada con dibujos de Fellini en la que podían verse, a modo de collage naif a la misma Katyna Ranieri, a Fellini, a Nino Rota y a la sin par Cabiria. Aprovecho y escucha esas maravillosas canciones mientras escribo estas líneas.

Cabiria (Chansons Pour Fellini) – Katyna Ranieri

Así pues, llevo asociada “Las Noches de Cabiria” desde hace décadas a mi educación sentimental. No se las veces que he podido ver a lo largo de los años este cuento triste, amargo, realista, mágico, trágico, y sin embargo optimista que es “Las noches de Cabiria”, para mí la más tierna de las películas de Federico Fellini.

Rodada en 1957 entre “Almas sin conciencia” (Il bidone), de 1955, y “La dolce vita”, de 1960, podría decirse con el lenguaje de hoy, que “Las noches de Cabiria” es un ”spin off” del personaje episódico que Federico Fellini mostró de forma episódica, pero inolvidable, en “El jeque blanco”, de 1952, donde ya nos enseñaba a esa prostituta de buen corazón que es la buena de Cabiria, aunque, obviamente, lo hacía sin entrar en detalles.

Nadie mejor que Giulietta Masina para interpretar a Cabiria, como nos resulta igualmente inimaginable a otra actriz para interpretar a Gelsomina en “La Strada”. Si alguien alguna vez pensó en alguien para llevar a la pantalla algún tipo de versión femenina del pequeño vagabundo de Chaplin, sin ninguna duda ese alguien fue Fellini. Nadie como Giulietta Masina, su esposa, ha encarnado en la pantalla a una mujer tan desamparada y tan tierna como ella en “La Strada” o en “Las noches de Cabiria” haciendo dos papeles tan radicalmente distintos como tiernos.

Producida por Dino de Laurentis, con guion que firmaban el mismo Fellini, Ennio Flaiano, Tullio Pinelli y la colaboración de Pier Paolo Pasolini sobre una historia delos tres primeros, Cabiria Ceccarelli es ese personaje al que da vida, y nunca una frase hecha como esa fue más auténtica, Giulietta Masina, una prostituta que vive en un barracón pero puede presumir de tener un techo, una soñadora que ama por dinero pero sueña con ser amada, y que sin embargo, no se lleva más que desengaños debido a su corazón de oro mientras ejerce su oficio con gracia y desparpajo en la zona romana de Ostia.

La película empieza de forma bucólica. Un hombre y una mujer corretean, se abrazan, hasta llegar a la orilla de un rio, el Tíber, damos por hecho. A ella se le ve feliz. El fulano, enfundado en gafas de sol, otea a su diestra y a su siniestra, y la empuja al rio mientras le quita el bolso. Medio ahogada, la mujer es rescatada de morir ahogada en un barrio de relucientes casas blancas de nueva construcción. Es Cabiria. Finalmente vuelve a la vida mientras pregunta ¿Dónde está Giorgio? Su enamorado enfundado en gafas de sol, suponemos.

Cabiria vuelve a su humilde casita, que a fin de cuentas tiene un techo. Por la noche, desesperada, grita a quien quiera oírla ¿puede alguien tirarte al rio por 40.000 liras? Su amiga Wanda le hace ver que apenas ni hacía un mes que le conocía, que es una absoluta ingenua. Pero la vida sigue, incluso para Cabiria, y es hora de trabajar, entre prostitutas, travestis, en la noche romana. Las penas pueden se muchas, pero Cabiria es un alma sencilla, y puede bailar mientras espera su turno de intercambio de amor, aunque oír un solo nombre puede hacerla estallar de celos. La noche sigue, y Fellini se recrea, y nos recrea con su personaje. Sola en la calle, se le van los pies, bailando, hasta que cruza su mirada con un sereno, o quizás simplemente el portero de un club, y tras hacerle un gesto inequívoco, le cambia el semblante. Sin palabras. Como solo creíamos que Chaplin sabía hacer. De un club sale una señorita muy puesta, y tras ella un fulano un tanto decadente. Obviamente ella está despechada de él. Cabiria muda su rostro en una sonrisa. ¡Es Alberto Lazzari! (Amedeo Nazzari) todo un galán del cine que queda solo en la calle en su descapotable. Tan solo que llama a Cabiria y le invita a subir a su coche. Cabiria nunca se ha visto en una así. Alberto y ella van a pasar la noche, pero ella ni sabe atravesar las lujosas cortinas de un club para, insinuándose tan tierna como patéticamente, acercarse al astro sentado en la barra y asistir a una secuencia en la que Fellini parece adelantar el retrato de la decadencia de la noche romana que llevaría a sus máximos en “La dolce Vita”.

Y entonces viene el mambo en un baile sin igual entre la prostituta de zapatos bajos, calcetines blancos, y un pellejo por sus hombros, y el galán, mientras el maestro de ceremonias desgrana sus palabras y las maracas tratan de dar chispa a lo que no tiene ninguna.

Pero no acaba ahí la cosa. Alberto Lazzari lleva a Cabiria a su casa, poco menos que un palacio. Hablan, beben, Cabiria quiere ganarse honradamente su dinero, pero son dos personas patéticamente solas, aunque cada una a su manera. Cabiria le pide a Alberto que le escriba en un papel de su puño y letra “Cabiria estuvo en casa de Alberto Lazzari” para que sus amigas se lo crean, pero llega la despechada novia de Alberto y Cabiria ha de esconderse en el baño, con un plato de pollo, eso si. Algo debía sacar de la situación. El sueño termina y Cabiria vuelve a la calle, a su mundo a trabajar tan honradamente como sea posible, y mientras ella y sus amigas hablan de la vida, los milagros, y la virgen, pasa ante ellas una procesión fantasmagórica que le encoge el corazón.

Peo aún nos lo encoge más la secuencia en la que Cabiria y sus amigas van en peregrinación a ver a la Virgen. Solo alguien como Fellini es capaz de mostrar al mismo tiempo el fervor limpio y humilde de los desheredados con la superchería. Allí, con un pañuelo en la cabeza y una vela en la mano, arrodillada, Cabiria pedirá a la Virgen poder cambiar su vida, Se nos pone un mundo en la garganta, decenas de personas, fe a raudales, cantos llenos de amor y deseos de redención a los que se une Cabiria. Por unos momentos llegamos a creer que todo es posible. Con los ojos hinchados del llanto, Cabiria se arrodilla y besa el suelo y le pide a la Virgen: “Madonna, Madonna, mía, ayúdame a cambiar mi vida. Haz un milagro. Ayúdame a cambiar mi vida” Los milagros parecen a punto de hacerse realidad, pero aquel hombre que no puede andar cae al suelo invocando un milagro que nunca llega.

Lo que si llega es un espectáculo de magia en el que Cabiria es solicitada por el mago, Aldo Salvini, para salir al escenario y ser hipnotizada. Lo que es un divertimento se convierte de repente en algo triste mientras el público ríe a carcajadas.

Pero en el universo de Cabiria siempre parece aguardar la esperanza. Quizás ese milagro que pidió a la Madonna. Un hombre se cruza en su camino, parece un buen tipo, apuesto, amable, de nombre Oscar D´Onofrio, interpretado por François Périer, alguien que, en sus propias palabras, “no suele asaltar así a las mujeres en medio de la calle” que estaba entre ese público que se reía de Cabiria y de sus sueños. Pero Oscar D´Onofrio está ahí para expresarla sus simpatías y su apoyo.

Una cosa lleva a la otra, porque Oscar no para de hablar, y todo lo que dice parece ser sensato, peo es que el nombre de Oscar salió durante la hipnosis de Cabiria. ¿es una señal? Puede, si la Madonna quiere. ¿Quiere la Madonna? Habrá que verlo. Cabiria y Oscar salen, mientras Cabiria presume antes sus amigas de Oscar, “un tipo instruido”.

La vida sigue, lleva o haga calor Cabiria trabaja y Oscar parece entenderla cada vez mejor. Peo el corazón de oro de Cabiria no tiene conexión con la Madonna del Santo Milagro. Confesiones, deseos, esperanza… un paseo, un rio… ¿llega el momento de ser felices o es la sombra de una duda? Oscar pregunta a Cabiria si sabe nadar, y entonces ella se vuelve y se da cuenta. Ni milagros, ni Madonna, ni futuro ni esperanza. “Basta, no quiero vivir más, mátame, empújame” No habrá para tanto. Es solo que Oscar quiere el dinero de Cabiria, ese dinero ganado vendiendo un amor que le sale a raudales a un corazón destrozado.

Pasa el tiempo y Cabiria vuelve a la vida. Ha anochecido. Está sola y vuelve andando hacia el bosque por el que horas antes andaba feliz con Óscar. Suena una música festiva.

Del montaje de “Las noches de Cabiria” final fueron excluidas varias escenas rodadas en el Santuario del Divino Amor, entre ellas, una en la que Cabiria se confesaba, detalles que años después revelaría en un documental Moraldo Rossi, ayudante de dirección de Fellini en esta y otras películas.

Giulietta Masina ganaría el premio a la mejor interpretación femenina en el Festival de Cannes, y más cerca de nosotros, también en el de San Sebastián, mientras que en Italia, la película ganaría cuatro premios Natro d´argento, otorgados desde 1946 por el sindicato nacional de periodistas cinematográficos italianos y dos David de Donatello, a mejor director, para Fellini, y a la mejor producción para Dino de Laurentis. “Las noches de Cabiria” también ganó el Oscar a la mejor película de habla no inglesa, y años después Neil Simon adaptaría su historia a los escenarios para convertirla en el musical “Sweet Charity”, llevada al cine a su vez por Bob Fosse con Shirley Mclaine como protagonista em 1969, y titulada en español “Noches en la ciudad”. Gloria, el personaje creado por Sebastian Lelio en la película chilena de mismo título de 2013 e interpretada por Paulina García, evoca no poco a la dulce, tierna y siempre engañada Cabiria, y tiene un inequívoco homenaje final al final de “Las noches de Cabiria”, con la protagonista volviendo a la vida tras un rotundo desengaño amoroso.

Pocos finales en la historia del cine son tan conmovedores como ese final de “Las noches de Cabiria”, en el que una Cabiria engañada una vez más, vuelve a la vida en la noche, desde la tristeza más profunda, mientras unos jóvenes ajenos a todo mal bailan y ríen a su alrededor. Ella es Cabiria, ya lo sabemos, y sabemos que tiene un corazón de oro, y así, poco a poco, de forma milagrosa, su gesto tornará poco a poco en un esbozo de sonrisa, primero, y en una sonrisa apenas esbozada, finalmente, mientras saluda a uno y otro lado, agradecida de vivir, o de poder vivir, hasta que en un instante final que nos encoge el corazón a los espectadores, mira a cámara, a nosotros, testigos de su vida, y nos saluda, con lágrimas negras, un instante a nuestros ojos antes de finalizar la película. Ese instante sirve para que llevemos a Cabiria con nosotros toda la vida.

Resultado de imagen de las noches de cabiria

@Gerardo_DDC

 

 

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