Erase una vez… Bowie

Hoy es el día en que os voy a contar la historia de Bowie.
Alguna persona la sabe a grandes rasgos, y quienes me seguís en RRSS desde hace tiempo, habréis visto muchas publicaciones mías de él.
Bueno, empezamos como empiezan las historias:
Érase una vez…
Allá por 2019 empezamos a ver de forma recurrente un gato blanco por el campo, lejos de casa, en muchos sitios dispares, pero también se acercaba mucho por casa, una vez que, supongo, vio que le poníamos comida e incluso un refugio. Alguna mañana al salir y asomarnos allí estaba y salía corriendo. Era tremendamente esquivo, y todas las fotos y vídeos que pudimos hacerle en esos tiempos era siempre desde casa. Fue en esas miradas furtivas nuestras cuando vimos que tenía un ojo de cada color, de ahí que le llamáramos Bowie de inmediato. También era un Duque Blanco por lo que todo encajaba.
La rutina era siempre la misma. Aparecía y desaparecía en cuanto hacíamos intento de salir a verle mientras comía. Salía corriendo si (suponemos) había pasado la noche en el refugio que le teníamos preparado (aunque los gatos son muy nocturnos),
Comentamos con una vecina que también le veía ocasionalmente y nos decía que era un gato feral (salvaje) de ahí que rehuyera cualquier acercamiento. Todo encajaba, porque un gato acostumbrado a estar con gente no es tan esquivo, especialmente si le pones comida a diario.
El tiempo pasaba. Llegó la Filomena y desapareció 2 semanas. Yo solo pensaba en que había sido de él, suponiendo que allá donde se hubiera guarecido habría quedado imposibilitado de salir, por lo que pensamos que no volveríamos a verle. Pero volvió, aún con nieve y hielo y di fe de ello en algún post. Eso era, como recordaréis, en enero de 2021. Bowie llevaba viniendo a casa a comer prácticamente a diario desde hacía por lo menos 6 meses. En mis paseos por el campo y los alrededores de mi casa con Golfo y Dora, pero también con Foxy (que murió con apenas 7 años en junio de 2020) le veía recurrentemente aquí y allá siempre mirando a lo lejos y esquivo, porque más de una vez traté de acercarme, atando a los perros a un árbol, y cuando estaba a 3 metros salía corriendo.
Pasa un año más o menos con igual rutina, hasta que un día, el 22 de mayo de 2022, salimos al jardín sin mirar y vemos que Bowie está comiendo como es habitual, pero no sale huyendo. Le dejamos tranquilo, para que coma, y se acerca por su cuenta y entra en casa. Milagro, pensamos. De repente se deja tocar, está sucio, claro, y le llevamos al veterinario. Comprobamos en el RIAC que no está registrado a nombre de nadie. Tiene un chip vacío (propio de protectoras antes de darlo en adopción) y nos dicen que podemos ponerlo a nuestro nombre puesto que no tiene dueño. Comprobamos en la urbanización si hay algún tipo de carteles denunciando su desaparición (aunque por lo que he relatado es obvio que dábamos por hecho que era un gato abandonado). Pasan los días y a la semana le adoptamos legalmente. Nadie lo reclamó, ni vino por casa preguntando por un gato desaparecido ni vimos ningún cartel.
Le cuidamos como el regalo que era. No estaba vacunado de nada (esto lo supimos después) y hubo que desparasitarle. Vomitaba recurrentemente, y tras diferentes pruebas nos dijeron que tenía una especie de asma, probablemente fruto de vivir a la intemperie, y que los vómitos eran fruto de la tos.
Desde entonces de forma recurrentemente hay que darle aerosoles (como a algunos niños pequeños). Vomita menos, aunque sigue vomitando. Pasó aproximadamente un año y medio. Nos habíamos gastado, felices, 1200 € en el veterinario para devolverle la salud.

Llega septiembre de 2026. Una tarde, paseando por el campo, me encuentro a unos vecinos muy majos. Linda y Javi, que paseaban siempre con sus perritos y sus gatos, así como si nada, y a mi me fascinaba. Iba tras ellos otro gato que llevaba viéndole aquí y allá desde hacía cosa de un mes, con la cola herida. Muchos días también comía en nuestra casa la comida que le poníamos. Hablando de ese gato, que también iba a su casa y ellos le habían llevado al veterinario para curarle, termino comentando nuestra historia con Bowie año y medio antes, el milagro de que tras casi 3 años entrase en casa y le adoptásemos.  Y Linda me pregunta si le confirmo que era blanco con un ojo de cada color y me dice que era de unos vecinos que le perdieron año y medio antes. Le cuento todo lo referente a sus venidas a casa recurrentemente y su entrada final, que no tenía chip registrado a nombre de nadie etc… Me dice que si no me importa darles mi teléfono a esas personas para que sepan que el gato está bien, y yo le digo que sin problemas.
Al rato me llama un mujer, y en una breve conversación, en tono cordial me dice que si puede ir a verle, y yo le digo que sin problemas al día siguiente.

Y al día siguiente va a mi casa junto a su cuñada y se reúnen con mi hija, Elena, y con mi mujer, Carmen, y les dicen que el gato es suyo y que se lo devolvamos. En ningún momento preguntaron que tal estaba. Como la respuesta nuestra es que el gato no estaba registrado, y se registró a nuestro nombre, tras esperar una semana, en lugar de las 48 horas que establece la ley, no lo vamos a devolver. La respuesta es que irán “por lo legal”.


En apenas hora y media después de su salida de casa, se presenta una pareja del Seprona para reclamar la devolución del gato. Sin entrar en muchos detalles, fue muy desagradable la insistencia en devolver un gato que nunca perteneció legalmente a esas personas. A mi siempre me llamó la atención la rapidez en la venida, cuando creo que todo el mundo sabe el tiempo que se tarda en poner una denuncia. Lo que si se es que esa denuncia nunca la hemos visto (como ninguna cuando Bowie desapareció para esas personas, algo que exige la ley). La sorpresa fue cuando supimos que uno de los agentes del Seprona era vecino de la persona que decía ser dueña de Bowie y que el otro agente nunca se identificó. Sobre esto podría escribir un libro, porque fue muy fuerte.
A partir de ahora resumo, que no quiero aburrir.


Obviamente consultamos con un abogado, que nos dijo que ni de coña entregásemos al gato, como insistía esa pareja del Seprona, y así se lo hicimos saber. No habían pasado dos meses cuando llegó la denuncia, penal, por apropiación indebida: Lo de penal no es irrelevante. Obviamente el cas fue desestimado y archivado. Los demandantes recurrieron, pidiendo nuevas testificaciones, que suponían cambiar su versión y presentar un testigo que mintió. Se decía que, cuando Bowie desapareció, pusieron carteles por toda la urbanización y fueron casa por casa preguntando, que vinieron a la nuestra y que se les dijo que no sabíamos nada de ningún gato. Nunca fueron capaces de decir quien les abrió la puerta, que día, a que hora, se les dijo tal cosa, sencillamente porque tal cosa nunca sucedió, de igual modo que nunca hubo carteles. Pero llevaron como testigo a un vecino que mintió. Yo tengo 6 testigos que desmienten tales hecho.
Finales de julio de 2026:
La fiscalía no encuentra en ninguna prueba aportada por los demandantes prueba alguna de ningún delito, pero se nos ha notificado la apertura de juicio oral con peticiones de la acusación particular de una indemnización delirante, fianza, y pena 18 meses de prisión para mi mujer y para mí.
Bowie es adorable, y es feliz. Nunca ha hecho ademán de quererse ir de casa. Ni siquiera de salir.
Y en este tiempo nos hemos gastado en veterinario con él 3.000 € y otros tantos en el “procedimiento”. Y con mucho gusto.


Bowie forever. With us.

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